No es momento de titubear.
Hace poco recordé este protocolo atemporal que todos los pilotos conocen, y que nunca ha sido más aplicable. Más allá de la lógica —tomar el control, saber dónde estás y al menos tu destino inmediato, y comunicar a los demás tus planes y necesidades para llegar allí—, proporciona una flotabilidad espiritual. El simple hecho de tener un propósito puede lograrlo.