La conformidad no genera éxito.
Al dirigir una organización, ya sea pequeña o grande, el mayor riesgo no son las opiniones divergentes, sino todo lo contrario, especialmente cuando las facciones pequeñas crean una «competencia malsana» que puede causar estragos en la cultura de la empresa. Estos son algunos de los peligros potenciales del «tribalismo» en el lugar de trabajo actual:
Exclusión y discriminación: el tribalismo puede conducir a una mentalidad de «nosotros contra ellos», en la que ciertos grupos son excluidos o tratados de manera injusta debido a las diferencias percibidas.
Resistencia al cambio: los fuertes lazos e identidades tribales pueden hacer que las personas se resistan a los cambios en los procesos, la tecnología o las estructuras organizativas que se consideran una amenaza para el statu quo de la tribu. Esto puede frenar la innovación.
Falta de cooperación: las identidades tribales fuertes pueden desalentar la cooperación entre diferentes equipos u otras personas, incluidos los líderes. Esta mentalidad aislada limita el intercambio de información y la colaboración.
Competencia poco saludable: las tribus pueden ver a otros grupos como rivales con los que competir en lugar de como colegas con los que cooperar. Esta competitividad excesiva puede dar lugar a conflictos improductivos.
Pensamiento grupal: los grupos tribales cohesionados pueden caer víctimas del pensamiento grupal, en el que no se aceptan opiniones discrepantes. Esta falta de diversidad de puntos de vista y de crítica puede conducir a una toma de decisiones errónea.
La clave está en predicar con el ejemplo, con una demostración auténtica de inclusión, apertura y colaboración, y no defender lo contrario, ni siquiera en nuestros propios estilos de liderazgo.