El fracaso sin remordimientos es libertad.
Podemos perder el sueño y paralizar nuestra capacidad de acción cuando nos obsesionamos con lo que no salió como esperábamos. Cuando no solo aprendemos de la derrota, sino que la dejamos atrás, podemos encontrar el impulso necesario para impulsarnos hacia nuevas soluciones, con energía renovada y confianza en nosotros mismos para hacerlo.