¿Tienes éxito o solo planeas tenerlo?
Vivimos en una cultura obsesionada con la apariencia del progreso. Si echas un vistazo a LinkedIn, verás un sinfín de publicaciones sobre «trabajar duro», «esforzarse» y «mantenerse ocupado». Pero bajo esta capa performativa se esconde una verdad más incómoda: gran parte de lo que llamamos progreso es simplemente actividad.
Cuando la preparación se convierte en procrastinación
La actividad más seductora es la preparación. Resulta muy satisfactorio dedicar semanas a investigar el sistema de productividad perfecto, esbozar todos los escenarios posibles antes de iniciar un negocio o realizar un curso tras otro antes de crear algo. La preparación proporciona la tranquilidad psicológica del progreso sin la vulnerabilidad que supone lanzarse al mundo laboral.
La preparación real tiene un punto final: el momento en el que pasas de prepararte a actuar. La preparación falsa es circular, siempre encuentras nuevas cosas que hay que investigar, planificar u optimizar antes de poder empezar. Es procrastinación disfrazada de diligencia.
Trabajar para alcanzar el éxito frente a ser exitoso
Hay una diferencia cualitativa entre alguien que trabaja activamente para alcanzar el éxito y alguien que ha interiorizado lo que realmente requiere el éxito. La persona que trabaja para alcanzar el éxito a menudo sigue negociando con el proceso: buscando atajos, esperando la motivación o esperando que cambien las circunstancias externas. Están en una relación con la idea del éxito.
Alguien que ha interiorizado el éxito ha ido más allá de la negociación. Entiende que el trabajo en sí mismo es lo importante, no solo un medio para alcanzar un fin. Ha dejado de preguntarse si le apetece hacer lo que hay que hacer y ha empezado a preguntarse qué hay que hacer independientemente de cómo se sienta.
No se trata de ser un adicto al trabajo ni de agotarse hasta el agotamiento. Se trata de desarrollar lo que los psicólogos denominan «afrontamiento centrado en la tarea», es decir, la capacidad de dedicarse al trabajo necesario sin exigir que sea agradable, inspirador o que se ajuste perfectamente a tu estado de ánimo.
La incómoda realidad
El verdadero progreso a menudo parece aburrido desde fuera. Es el escritor que se presenta para escribir malos borradores iniciales, el empresario que hace llamadas comerciales a pesar del rechazo, el atleta que entrena incluso cuando el progreso parece invisible. Carece del arco dramático que asociamos con las historias de éxito porque la mayor parte del trabajo real se desarrolla en un medio anodino.
Por el contrario, limitarse a planificar siempre parece más interesante. Ofrece mejores historias, narrativas más claras y contenidos más atractivos en las redes sociales. Pero se basa en el malentendido fundamental de que el éxito consiste en parecer exitoso en lugar de volverse capaz.
El camino a seguir no es juzgar a los demás, sino desarrollar la suficiente conciencia de uno mismo para reconocer cuándo estamos confundiendo la intención de alcanzar el éxito con la práctica. El progreso real rara vez se anuncia por sí mismo. Se acumula silenciosamente en el espacio entre la intención y la acción, donde el trabajo se realiza independientemente de si alguien lo está observando o no.