Pertenecer más, odiar menos.
Cuando nos sentimos conectados, con un sentido de pertenencia, tenemos comunidad, lo que en el mejor de los casos conduce a la empatía, la perspectiva y la perseverancia. El aislamiento conduce a la ansiedad, la depresión... y el odio. Encontrar y ofrecer unión puede ser una solución que salve vidas, tanto para uno mismo como para los demás.