No pienses lo peor.
Tenemos una opción. Podemos asumir que el resultado de cualquier cosa será nefasto y tener razón cuando las cosas salgan mal. O podemos utilizar el poder del pensamiento positivo y, aunque a veces nos llevemos decepciones, construir caminos más positivos y productivos a medida que avanzamos. Nunca debemos actuar con imprudencia (ni convertirlo en una declaración política), pero podemos seguir adelante.