Crear una cultura de aprendizaje
Todos recibimos algún tipo de retroalimentación cada día, ya sea de un jefe, socio, colega o incluso de una publicación en las redes sociales. La forma en que nos sentimos cuando recibimos esa retroalimentación determina en gran medida cómo respondemos a ella y el impacto a largo plazo en nuestras acciones. Si nos sentimos a la defensiva, avergonzados y, lo que es más importante, no la entendemos, es más probable que la ignoremos o, lo que es peor, que perdamos la confianza en nuestra capacidad para mejorar. Cuando la retroalimentación es específica y contextual, constructiva y alentadora, somos más propensos a estar abiertos a recibirla, saber qué hacer con ella y aprender de ella con una actitud positiva. Todos podemos liderar la construcción de este tipo de cultura con nuestro propio comportamiento, ya sea en el trabajo, en casa o en nuestros entornos sociales. El resultado es realmente la longevidad y el crecimiento.