El desacuerdo como alineación
Cuando alguien se opone a tu idea, tienes dos opciones. Puedes tomártelo como una falta de respeto. O puedes verlo como una prueba de que, en realidad, te están prestando atención.
Los equipos con los que he trabajado y que avanzaban más rápido no eran aquellos que estaban de acuerdo conmigo. Eran aquellos en los que la gente decía «eso no va a funcionar» y lo decía de verdad. No para poner pegas, sino para ayudar.
Cuando se crea una cultura en la que es normal mostrar desacuerdo, se pierde a quienes solo están ahí para cobrar el sueldo. Quienes se quedan son aquellos a quienes les importa lo suficiente como para discutir. Aquellos que consideran que el trabajo es lo suficientemente importante como para defenderlo. Eso es estar en sintonía. No unanimidad.
El error es pensar que el desacuerdo implica distancia. Significa justo lo contrario. Significa que alguien cree lo suficiente en el resultado como para arriesgarse a equivocarse abiertamente.
La próxima vez que alguien te plantee una objeción, antes de ponerte a la defensiva, pregúntate: ¿esta persona te llevaría la contraria si no le importara?
Probablemente no.