Encontrar tu capacidad espiritual
Dedicamos mucho tiempo a evaluar nuestra capacidad física. ¿Cuánto podemos correr? ¿Cuánto podemos levantar? ¿Cuál es nuestro umbral de resistencia? Ponemos a prueba estos límites con regularidad, a veces de manera formal, pero a menudo simplemente a través del esfuerzo diario.
Pero la capacidad espiritual funciona de manera diferente. No se trata de esforzarse más ni de lograr más. Se trata de ampliar tu capacidad para soportar la complejidad, para convivir con la incertidumbre, para permanecer presente cuando todo en ti quiere retirarse.
Piensa en ello como tu volumen interior. Algunos días tienes espacio para conversaciones difíciles, para acompañar el dolor de otra persona, para afrontar verdades incómodas sobre ti mismo. Otros días, esa capacidad se reduce. Estás agotado, e incluso las pequeñas exigencias te parecen abrumadoras.
El error es tratar la capacidad espiritual como si fuera fuerza física, algo que se desarrolla únicamente mediante la repetición y la disciplina. Sí, la práctica es importante. Pero la capacidad espiritual crece a través de la honestidad sobre dónde te encuentras realmente en este momento, no sobre dónde desearías estar.
Descubres tu capacidad espiritual cuando te das cuenta de que estás agotado. Cuando todo se convierte en transaccional. Cuando resuelves problemas en lugar de comprender a las personas. Cuando tu primer instinto es explicar en lugar de escuchar.
Y lo amplías no forzándote más allá de ese límite, sino reconociendo que existe. Eligiendo cuándo comprometerte plenamente y cuándo reconocer que simplemente no tienes espacio en ese momento. Ese discernimiento en sí mismo es capacidad espiritual.
La verdadera pregunta no es cuánto puedes soportar. Es si eres sincero sobre lo que realmente puedes ofrecer.