Por qué dejamos de crecer
Confundimos el avance con el abandono.
En el momento en que adquirimos competencia, dejamos de hacer las cosas que la construyeron. El escritor que triunfa deja de leer. El líder que gana autoridad deja de escuchar. El atleta que encuentra su forma deja de practicar los fundamentos.
Consideramos el dominio como un permiso para dejar atrás los conceptos básicos, cuando en realidad es una invitación a profundizar en ellos.
El techo al que aspiras no existe sin los cimientos que hay bajo tus pies. Pero nos aburrimos con lo que funciona. Confundimos la repetición con el estancamiento. Queremos más la apariencia del progreso que su esencia.
El crecimiento real no significa dejar atrás los fundamentos. Significa volver a ellos con una nueva comprensión. El profesional avanzado y el principiante suelen hacer lo mismo, la diferencia está en la presencia, la precisión y la profundidad.
Tu meseta no es un límite. Es una señal. No es que necesites algo nuevo, sino que debes recordar lo que realmente te ha llevado hasta aquí.
El techo se eleva cuando los cimientos se profundizan.