La disciplina de escuchar rápidamente
Algunos de nosotros estamos hechos para la velocidad. Procesamos rápidamente, vemos patrones al instante y sabemos hacia dónde se dirige la conversación tres frases antes de que llegue allí. Es un don en muchos contextos: resolución de problemas, estrategia, conexión de ideas dispares.
Pero es una desventaja cuando alguien necesita ser escuchado.
La maldición de los procesadores rápidos es que empezamos a formular respuestas antes de que la otra persona termine de hablar. No estamos siendo groseros (por lo general). Simplemente estamos programados para procesar la información rápidamente. El problema es que escuchar de verdad requiere algo diferente: presencia, no capacidad de procesamiento.
La escucha activa no es algo natural para aquellos de nosotros que pensamos rápido. Hay que practicarla como una disciplina.
Tres prácticas que ayudan:
Respira lentamente. Cuando sientas la necesidad de responder de inmediato, respira profundamente. Esto creará una pequeña pausa entre las palabras de la otra persona y tu reacción. Esa pausa es donde reside la escucha.
Repite lo que has oído. Antes de responder con tus propios pensamientos, simplemente refleja lo que han dicho: «Entonces, lo que estás diciendo es...». Esto te obliga a captar realmente su significado, y no solo la versión que ha creado tu mente rápida.
Haz una pregunta más. Cuando creas que lo entiendes, resiste la tentación de resolverlo o responder. En su lugar, haz una pregunta aclaratoria. «Cuéntame más sobre eso» o «¿Cómo te sientes al respecto?». Te sorprenderá lo a menudo que hay otra capa debajo de la superficie.
La paradoja es que ralentizar tu respuesta hace que la conversación sea más productiva, no menos. Las personas no solo quieren soluciones. Quieren que se les comprenda. Y comprender requiere la paciencia necesaria para dejar que alguien termine su pensamiento, por completo, no solo técnicamente.
Para el procesador rápido, la escucha activa es un acto de generosidad. Estás eligiendo dejar de lado tu ventaja de velocidad para crear espacio para otra persona. Eso no es debilidad. Es fuerza bajo control.
Y a veces lo más poderoso que puedes ofrecer no es la brillante respuesta que tenías preparada. Es el regalo de estar realmente presente cuando alguien habla.