El efecto dominó
¿Conoces ese momento en el que tiras una piedrecita al agua tranquila? Esos círculos siguen expandiéndose hacia afuera, llegando a lugares que la piedrecita nunca tocó. Eso es exactamente lo que pasa cuando decidimos mostrarnos de manera diferente en nuestra vida cotidiana.
Subestimamos nuestro poder. ¿Esa sonrisa que le dedicamos al camarero? Puede que sea el momento más alegre de su dura mañana, lo que le hace ser más amable con el siguiente cliente, que luego vuelve a casa de mejor humor con su familia. Acabamos de iniciar una reacción en cadena sin siquiera saberlo.
La cuestión es que ya estamos creando ondas. La pregunta es: ¿de qué tipo?
Cuando elegimos la paciencia en lugar de la frustración en el tráfico, estamos dando ejemplo de calma a los demás conductores. Cuando escuchamos atentamente en lugar de esperar nuestro turno para hablar, estamos mostrando a los demás cómo es una conexión auténtica. Cuando celebramos el éxito de alguien en lugar de compararlo con nuestro propio camino, estamos creando más espacio para que todos puedan brillar.
No necesitamos grandes gestos. Necesitamos decisiones coherentes y deliberadas. La forma en que tratamos al cajero. Cómo respondemos cuando alguien comete un error. Si decidimos quejarnos o encontrar algo que apreciar.
Cada interacción es una piedra que lanzamos. Cada elección envía ondas. Nosotros decidimos si esas ondas transmiten amabilidad, comprensión y posibilidades, o algo completamente diferente.
¿Lo bonito de todo esto? Probablemente nunca sabremos el impacto total de nuestras ondas. Pero podemos confiar en que, cuando actuamos con amabilidad e intención, estamos contribuyendo a un mundo que funciona mejor para todos nosotros.
¿Qué ondas estás creando hoy?